
Actualmente, cuando los fondos para la renovación de las estructuras económicas y sociales son el pan de cada día, hablar de clústeres puede sonar a la solución mágica para los problemas económicos y deportivos de una región. Pero antes de adoptar esta respuesta, es crucial entender cuál es la pregunta que queremos resolver con la creación de clústeres, especialmente en el ámbito del deporte. La viabilidad de los clústeres del deporte en las regiones requiere un análisis profundo y un proceso de reflexión previo que incluya el establecimiento claro de sus objetivos y cómo estos se alinearán con las políticas económicas e industriales de la región.
El concepto de clúster, aunque es previo, fue popularizado por Michael Porter en los años 90. El término se refiere a la concentración geográfica de empresas interconectadas, proveedores especializados, empresas de servicios, instituciones relacionadas (como universidades y agencias gubernamentales) en un campo particular que compiten pero también cooperan. Los clústeres, en teoría, fomentan la innovación y aumentan la competitividad de las empresas dentro de ellos.
Un clúster deportivo se define como una agrupación de organizaciones relacionadas con el deporte en una ubicación geográfica específica, incluyendo desde fabricantes de equipos deportivos hasta instituciones educativas y de investigación, entidades deportivas y organismos gubernamentales. Estos clústeres buscan crear un ecosistema donde las empresas puedan beneficiarse de la proximidad y colaboración mutua.
En regiones donde la industria del deporte tiene un potencial significativo, establecer un clúster puede parecer una respuesta lógica para estimular la economía local, generar empleo y fomentar la innovación. Sin embargo, la creación de un clúster no debe ser una decisión tomada a la ligera. Requiere un análisis exhaustivo de su viabilidad y un entendimiento claro de los objetivos a alcanzar.
Antes de poner en marcha un clúster deportivo, es esencial analizar su viabilidad y su posible impacto. Este análisis debe considerar varios factores: la demanda del mercado, identificando si existe una demanda suficiente para los productos y servicios que ofrecerán las empresas dentro del clúster; los recursos disponibles, evaluando si la región tiene los recursos necesarios, incluyendo mano de obra calificada, infraestructura adecuada y acceso a materias primas; y los beneficios económicos, analizando los posibles beneficios económicos que el clúster podría traer a la región, tales como aumento en la productividad, innovación y competitividad internacional.
Este ejercicio de análisis y evaluación es el que hizo la Dirección de Actividad Física y Deporte de Gobierno Vasco hace unos años. Con el objetivo de diseñar ese posible clúster del deporte y ver su encaje en el ecosistema empresarial y de innovación del País Vasco, coordinó tres estudios:
- Estudio de benchmarking de clústeres del deporte internacionales, que elaboramos nosotros.
- Análisis de los mecanismos jurídico-normativos que permiten la práctica cooperación privada y/o pública en el ámbito de la industria deportiva, realizado por GLOBERNANCE – Instituto de Gobernanza Democrática
Y a partir de estos dos, el Instituto de Economía Aplicada a la Empresa de la Universidad del País Vasco desarrolló el:
- Análisis de las condiciones para la creación de una asociación para el impulso del desarrollo económico de la industria del deporte en la CAPV
Creo sinceramente que un abordaje desde la reflexión previa, sin juicios a priori, como el que realizó el Gobierno Vasco es la vía adecuada.
Nuestro estudio de benchmarking de clústeres del deporte resalta la importancia de los factores económicos regionales y cómo su correcta evaluación puede determinar el éxito o fracaso de un clúster. En este estudio observábamos que los clústeres exitosos no solo comparten recursos y conocimientos, sino que también tienen una clara orientación hacia la innovación y la internacionalización.
La creación de un clúster debe estar precedida también por un establecimiento claro de sus objetivos. Algunos de los objetivos pueden incluir: fomentar la innovación, creando un entorno donde las empresas puedan desarrollar nuevos productos y servicios deportivos; mejorar la competitividad, ayudando a las empresas locales a competir a nivel nacional e internacional; generar empleo, creando nuevas oportunidades de empleo en la región; y contribuir al desarrollo económico regional, asegurando un desarrollo económico sostenible.
Un clúster deportivo no puede operar en un vacío. Debe estar alineado con las políticas económicas e industriales de la región para maximizar su impacto. Esto implica fomentar la cooperación entre el sector público y privado para apoyar el clúster con inversiones, infraestructura y políticas favorables; desarrollar programas de formación y capacitación para asegurar que haya una mano de obra calificada disponible; promover la adopción de nuevas tecnologías y métodos innovadores dentro del clúster; y asegurar que el clúster opera de manera sostenible, tanto desde una perspectiva ambiental como económica. Desde un enfoque de política pública a la que destinar fondos públicos, no puede limitarse a ser un lobby de empresas del deporte.
El clúster viene con sus propios desafíos. Definir claramente qué se entiende por «industria del deporte» y delimitar el alcance del clúster puede ser complicado. Las regiones deben decidir si el clúster incluirá solo ciertas actividades deportivas o toda la cadena de valor del deporte, desde la fabricación hasta la gestión de instalaciones y eventos deportivos. Además, la financiación y el modelo organizativo del clúster son aspectos críticos que deben planificarse cuidadosamente. La experiencia de otros clústeres deportivos en Europa muestra que una combinación de financiamiento público y privado, junto con una estructura organizativa flexible, puede ser una fórmula exitosa.
La creación de un clúster deportivo puede ser una respuesta efectiva para estimular el desarrollo económico regional. Sin embargo, es fundamental comprender primero cuál es la pregunta que se quiere responder. Solo así, los clústeres pueden convertirse en motores de innovación, competitividad y desarrollo económico sostenible en el ámbito deportivo.
