
La semana que viene, en el curso ¿Cómo Usar la IA en la Gestión del Deporte? de la Universidad de Sevilla, impartiré el módulo sobre Agentes de IA para la gestión del deporte. Es estimulante. Nos encontramos en un momento en el que una nueva generación de tecnologías empieza a ir más allá de la mejora incremental y plantea cambios estructurales en la forma en que se gobiernan, se producen y se consumen las organizaciones deportivas. En este contexto, formar hoy en Agentes de IA no consiste en enseñar una herramienta concreta, sino en contribuir a que el sector desarrolle el criterio con el que tomará decisiones relevantes en los próximos años.
Durante años en el Máster de Gestión del Deporte de EHU hemos hablado de “usar IA” refiriéndonos, sobre todo, a analítica avanzada, modelos predictivos o, más recientemente, a sistemas generativos capaces de redactar informes, analizar partidos o crear contenidos para redes sociales. Todo eso sigue siendo relevante, pero es solo una parte de la historia. Los Agentes de IA introducen un cambio cualitativo: pasamos de sistemas que responden a preguntas o generan outputs puntuales, a sistemas que actúan, que planifican, que coordinan tareas y que ejecutan procesos completos en nombre de una organización, bajo supervisión humana. Y cuando esa lógica se traslada a clubes, federaciones, ligas o empresas del ecosistema deportivo, el impacto es profundo.
¿Por qué es especialmente importante profundizar ahora en la formación sobre Agentes de IA aplicados a la gestión deportiva? Porque el deporte es, por naturaleza, un sector intensivo en coordinación, en toma de decisiones bajo incertidumbre y en gestión de múltiples stakeholders: deportistas, cuerpos técnicos, aficionados, patrocinadores, medios, administraciones públicas. Hasta ahora, gran parte de esa complejidad se gestionaba a base de capas humanas, reuniones interminables y sistemas informáticos que automatizaban solo fragmentos muy concretos del trabajo. Los agentes permiten imaginar otra cosa: flujos de trabajo end-to-end, donde la IA no sustituye la estrategia ni el liderazgo, pero sí se convierte en un “equipo operativo digital” que trabaja 24/7.
En la gestión interna de las organizaciones deportivas, el cambio será especialmente visible. Pensemos en un club profesional medio. Hoy conviven departamentos estancos: deportivo, marketing, ticketing, finanzas, compliance, cantera. Cada uno optimiza su parcela, pero la coordinación global es costosa y lenta. Un enfoque agéntico permite diseñar agentes especializados de planificación deportiva, de control presupuestario, de relación con aficionados, de cumplimiento normativo, que no trabajan aislados, sino orquestados. El resultado no es solo eficiencia, sino coherencia: decisiones deportivas alineadas en tiempo real con restricciones financieras, con compromisos regulatorios y con la estrategia de marca del club.
Esto tiene implicaciones directas sobre el rol de los gestores deportivos. Lejos de “quitarles trabajo”, los agentes cambian la naturaleza de su aportación. El gestor deja de ser quien persigue información, cruza excels y apaga fuegos, para convertirse en quien define objetivos, valida decisiones críticas y supervisa sistemas complejos. La formación, por tanto, no puede limitarse a “cómo usar una herramienta”, sino que debe abordar cómo diseñar buenos flujos de trabajo agénticos, cómo establecer límites claros a la autonomía de los sistemas y cómo ejercer un liderazgo efectivo sobre equipos híbridos de personas y agentes.
La producción del deporte también se verá transformada. No hablo solo de la producción audiovisual, que ya está viviendo una revolución con automatización de highlights, narrativas personalizadas o análisis en tiempo real, sino de la producción en sentido amplio: la organización de competiciones, la gestión de calendarios, la logística de eventos, la relación con árbitros y oficiales, la seguridad o la sostenibilidad. Un sistema agéntico bien diseñado puede anticipar conflictos de calendario, redistribuir recursos ante imprevistos, optimizar desplazamientos o ajustar operaciones en función de datos en tiempo real. Esto no elimina la complejidad inherente al deporte, pero la hace más gobernable.
Quizá donde el cambio será más disruptivo es en el consumo del deporte. Durante décadas, los aficionados han sido receptores relativamente pasivos: consumen partidos, contenidos y experiencias diseñadas de forma masiva, con cierta personalización superficial. Los agentes de IA abren la puerta a un aficionado “aumentado”, acompañado por su propio agente personal que negocia, recomienda y decide en su nombre. Ese agente puede gestionar abonos, elegir qué contenidos ver, interactuar con otros agentes del club o incluso participar en dinámicas de gobernanza blanda, como votaciones o consultas. El consumo del deporte se vuelve más conversacional, continuo y personalizado, y eso obliga a las organizaciones a repensar su relación con la audiencia.
Aquí aparece un punto clave que intento subrayar siempre en la formación: los agentes no son solo una cuestión tecnológica, sino organizativa y cultural. Introducir agentes en una organización deportiva sin replantear procesos, responsabilidades y métricas suele conducir a frustración. Agentes brillantes en demos, pero irrelevantes en el día a día. Por eso insisto en que la pregunta no es “¿qué agente podemos construir?”, sino “¿qué proceso merece ser rediseñado de forma agéntica?”. En el deporte, muchos de esos procesos son de alta variabilidad, cargados de excepciones y juicio contextual: justo el terreno donde los agentes aportan más valor.
También es fundamental abordar desde el inicio la gobernanza y la ética. El deporte tiene una dimensión simbólica y social enorme. Decisiones aparentemente técnicas (un algoritmo que prioriza ciertos partidos, un agente que recomienda fichajes, un sistema que personaliza precios) tienen efectos reales sobre la equidad, la transparencia y la confianza. Formar en Agentes de IA para la gestión deportiva implica enseñar a poner límites, a diseñar sistemas auditables, a mantener siempre la responsabilidad última en manos humanas. No se trata de frenar la innovación, sino de hacerla sostenible y legítima.
Cuando pienso en los perfiles que se están formando en este curso, gestores, directivos, técnicos de federaciones, emprendedores del deporte, tengo la sensación de que estamos en un punto de inflexión. Quienes entiendan ahora qué es realmente la IA agéntica, qué puede y qué no puede hacer, y cómo integrarla con criterio en organizaciones deportivas, tendrán una ventaja decisiva. No porque sepan más tecnología, sino porque sabrán pensar el deporte de otra manera: como un sistema vivo, coordinado por personas y agentes que colaboran para crear valor deportivo, económico y social.
Por eso creo que profundizar hoy en esta formación sobre Agentes de IA aplicados a la gestión del deporte no es una moda ni un lujo académico. Es una inversión estratégica en la capacidad del sector para adaptarse, innovar y liderar en un entorno cada vez más complejo.
