Instituciones ¿vitalicias?

Family

La familia Bradford era ejemplar. Tom y su esposa Joan eran una pareja feliz que criaban con infinito amor a toda su prole: David, Mary, Susan, Joannie, Nancy, Elizabeth, Tommy y el pequeño Nicholas. Sí, ocho. Una familia extremadamente numerosa, con sus problemas, pero con su ventajas… entre los diez eran capaces de montar el árbol de Navidad en un tiempo record.

Todo iba bien en la familia Bradford hasta que la madre, Joan, murió. Tom se convierte en un padre viudo, ejemplar por supuesto, y con el apoyo de la tutora Abby  (posteriormente también “tutorizará” a papá Tom) consigue mantener unida a una familia feliz.

En este entorno familiar tan melosamente estable, con tanto amor, confianza, respeto y lealtad, los hijos y las hijas de Tom se desarrollan como personas. Los chicos practican deporte (no recuerdo que las chicas lo practicasen; tirón de orejas a quien escribía los guiones) y al igual que en su entorno familiar, la lealtad a su equipo, el compañerismo, está siempre presente en su actividad deportiva.

En pleno siglo XXI ¿cómo estaría la familia Bradford? Las estadísticas nos dicen que Joan no hubiese muerto gracias a los avances de la medicina moderna, sin embargo, mientras ella estaba ingresada, Tom hubiese mantenido una relación con Abby. Al salir del hospital mamá Joan se hubiese encontrado con que su marido está enrollándose con la “nanny”, con lo que le pone las maletas a Tom y lo larga de casa. Mamá Joan comienza a salir con una mujer bastante más joven que ella.

David y Mary deciden independizarse con sus respectivas parejas, que al poco tiempo se romperán. En la actualidad ambos vivirían solteros, manteniendo algunas relaciones esporádicas sin intención de mantener una pareja estable.

Susan ha decidido tomarse un año sabático e irse a viajar por el mundo con una amiga. El resto de hijos e hijas se reparten en las casas de Tom, que ya ha cortado con Abby, y de Joan, que continúa con su novia.

Ante esta situación ¿cómo creemos que será la relación de las y los Bradford con sus equipos deportivos? ¿Seguirán presentes valores como la lealtad a sus equipos o el compañerismo? Es posible, aunque no muy probable, que mantengan esos valores.

No hay duda de que los valores familiares han cambiado. Llevamos años viviendo años de transición, en la que la familia da paso al individuo como elemento nuclear. Muchos niños y niñas se crían fuera de la influencia de una pareja heterosexual duradera y estable. A pesar de ello ¡pretendemos que sean leales a nuestro club como en los “viejos tiempos”!

Las instituciones, entre ellas la familia o los clubes deportivos, solían trabajar para crear certidumbres, ofreciendo a los individuos entornos estables en los que sentirse cómodos (¡tengan cuidado ahí fuera!). Sin embargo, en la actualidad las certidumbres tienden a desaparecer. Muchas ya han desaparecido. La lealtad ciega ha muerto. Nuestro compromiso con las instituciones deja de ser de por vida.

Con este panorama, no sólo los clubes deportivos, cualquier modalidad deportiva que quiera seguir “enganchando”, los polideportivos que pretendan fidelizar a sus clientes o los políticos que quieran mantenerse en el poder con los votos de estas personas “individualistas” deberán esforzarse más que nunca. Adaptarse, renovarse, seguir siendo atractivos. De lo contrario, puede pasarles como a la familia Bradford.

Artículo publicado originalmente el 23 de enero de 2009 en Avento.

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