Clubes y Administración Local

Chicos Balonmano

El “Club Deportivo” es sin duda el modelo organizativo en el deporte que más me llama la atención y más curiosidad despierta.

La multiplicidad de formas que podemos encontrar entre los clubes deportivos hace que la propia expresión sea excesivamente generalista como para hacernos una idea cercana a la realidad de estas organizaciones. La Ley del Deporte de 1990 define a los clubes deportivos como «asociaciones privadas integradas por personas físicas o jurídicas que tengan por objeto la promoción de una o varias modalidades deportivas, la práctica de las mismas por sus asociados, así como la participación en actividades y competiciones deportivas».

En esta definición podemos observar que apenas da pistas acerca del modelo organizativo, tan sólo que son asociaciones privadas, ni de sus objetivos, la promoción deportiva puede ser entendida de muy distintas maneras. Incluso, cuando recoge que el objeto sea la práctica deportiva de sus asociados tampoco es del todo correcto, ya que en muchos clubes las y los asociados son meros espectadores.

Nos encontramos en definitiva con que hablar de “Club Deportivo” es como hablar de “Sociedad Mercantil”. Podemos encontrar desde General Electric hasta Manolo & Berto Electricistas S.L.. Desde el Real Madrid C.F. hasta el Club de Petanca de Askain. Esta amplitud del concepto de Club provoca serias dificultades a la hora de tratar de establecer políticas de impulso a los mismos desde las Administraciones Públicas.

Todo esto viene al hilo de los V Encuentros de Políticas Deportivas en los Municipios organizadas la semana pasada por KAIT y en las que el tema central fue la política municipal para con los clubes. En estos encuentros se pudo sacar alguna cosa en limpio, alguna iniciativa realmente interesante de fomento de la actividad asociativa y unas cuantas ideas acerca de la distancia existente entre lo que ofrecen un gran número de clubes deportivos y lo que demandan las Administraciones a las que piden ayuda económica.

Respecto a la citada distancia, lo de siempre, el poco atractivo e interés que despierta en la mayoría de las Administraciones un club tradicional, pequeño, orientado al resultado de su primer equipo y a formar deportistas que alcancen ese primer equipo, aunque compita en una liga menor (o muy menor). El mensaje de estos clubes de que “cumplen una labor social”, que es innegable, pero que como los recursos son escasos las Administraciones prefieren destinarlos a otros clubes o actividades cuya función social es mayor. En resumen, hay competencia por unos recursos escasos (dinero público) entre organizaciones oferentes de servicios públicos. ¿Quién se llevará esos recursos?

Por otra parte, hay que destacar lo que la persona responsable de hacer las conclusiones dijo en tono de broma “algunos han venido llorados de casa y otros no”. En efecto, buscar financiación por el método del llanto sigue vigente. Algún ponente hablaba del “poder de coacción” de los clubes sobre los Ayuntamientos, otro hablaba de “vampirismo”, pero en ambos casos nos encontramos con lo mismo, clubes que solicitan una financiación que la Administración (o el/la técnico de deportes) considera que no se merecen o por lo menos, que se merecen una cantidad menor. Lo que no suele ser habitual es que los clubes presenten proyectos concretos que traten de justificar la labor social que se realizará con ese dinero.

Un último comentario que también me llamó la atención, el caso de un plan de apoyo a los clubes de una comarca. Cuando desde la Administración deciden dar un apoyo para la revitalización del tejido asociativo de dicha comarca llevan una pregunta a los clubes: «¿Qué consideráis prioritario a profesionalizar con nuestra aportación, el puesto de Gerencia o de Dirección Técnica?». La respuesta unánime, la obvia: «La Dirección Técnica». El problema: la Administración deberá financiar esa Dirección Técnica permanentemente. Hay que ser consciente de que profesionalizar un puesto de Gerencia no asegura la generación de ingresos, pero es un primer paso hacia ello y tal vez, sólo tal vez, al final se generen los suficientes como para cubrir el coste de contratar la Dirección Técnica. Lo que es obvio es que la situación contraria es mucho más difícil. El problema: la necesidad impera y solventar lo urgente acaba imperando sobre asegurar lo importante.

Artículo publicado originalmente el 26 de mayo de 2008 en Avento.

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