Subvenciones, Bubka y Perurena

Perurena

¿Cómo puede la Administración Pública fomentar el logro de sus objetivos deportivos? ¿Con qué herramientas cuenta? La primera respuesta que nos viene a la cabeza son las subvenciones al deporte. Hay otras fórmulas, pero las subvenciones son las más comunes. ¿Pero cómo deben ser estas subvenciones? Esa reflexión tenemos entre manos.

Tras revisar un buen número de formatos de subvenciones implantadas por diferentes Administraciones hemos encontrado algunas (muchas) “generalistas”, gracias a las cuales cualquier entidad deportiva, por el mero hecho de estar dada de alta en un registro tiene derecho a percibir un dinero público. Gracias a este tipo de subvención podemos encontrar clubes formados por una única persona que es a su vez presidente, entrenador y deportista y con el dinero que percibe financia su actividad deportiva. Teniendo en cuenta que hemos encontrado algún caso de club/deportista veterano, lo cierto es que no parece ni ético por parte del deportista, ni eficiente por parte de la Administración.

Por otra parte podemos encontrar subvenciones por proyectos. Desde la Administración se considera que hay que fomentar unas determinadas prácticas y para impulsarlas abre una línea de subvenciones. Este formato es más adecuado para incentivar a los agentes deportivos en el cumplimiento de los objetivos de la Administración; aún así, si por el hecho de participar en un determinado programa la organización recibe la subvención, sin tener en cuenta el grado de logro de objetivos, el incentivo se está quedando cojo. La Administración está incentivando un mejor comportamiento (mejor=de acuerdo a sus objetivos), pero no el mejor comportamiento.


Las subvenciones por rendimiento frente al comportamiento de Bubka y Perurena

El libro “La lógica oculta de la vida” nos ofrece un ejemplo interesante. A nadie se le escapa que si retribuimos o subvencionamos por el rendimiento logrado por las entidades deportivas estamos estimulando dicho rendimiento. Es simple, si “te pago por logro, no por intento” (bueno, hay fórmulas mixtas), la entidad se orienta hacia lo que se considera un logro. Es importante aclarar que en este contexto el logro es la consecución de un objetivo deportivo, ya sea de rendimiento o de participación, un número de medallas o una mayor participación en deporte recreativo.

Parece fácil, pero no lo es tanto. Lo más importante es que hay que definir muy bien qué es un logro, o en otras palabras: el rendimiento debe ser fácil de medir, y para ello la Administración debe establecer unos objetivos muy concretos y medibles. Esta premisa es básica cuando se realiza cualquier tipo de Plan Estratégico.

Dos ejemplos de retribución por objetivos insuficientemente concretados son los de Sergey Bubka a nivel internacional o Iñaki Perurena a nivel “doméstico”. Ambos deportistas tenían un objetico que parecía claro y fácil de medir: uno, saltar con su pértiga una altura mayor que cualquiera que se hubiese saltado anteriormente. Otro, levantar la piedra más pesada levantada hasta el momento. A ambos se les pagaba un plus cada vez que batían el record mundial.

Las motivaciones de ambos eran superar sus marcas anteriores pero con la menor mejora posible, en lugar de intentar sus mejores marcas posibles.

A menudo ambos deportistas batieron sus récords mundiales hasta que alcanzaron unos topes que fueron incapaces de superar. Sólo Bubka, Perurena y sus respectivos entrenadores saben cuáles fueron sus mejores marcas en entrenamientos.

El sistema de retribución produjo gran número de récords mundiales, lo que seguramente haya evitado es que los mejores logros de ambos hayan sido conseguidos en público.

Volviendo al caso de los modelos de subvención, si dichas subvenciones incentivan los logros absolutos y son variables en función del grado del logro, incentivaremos los mayores rendimientos, el máximo cumplimiento de los objetivos. Si por el contrario, no incentivan el logro o son fijas por alcanzar un determinado nivel, estamos estableciendo un límite al logro y no sabremos hasta dónde podrían haber llegado.

Otro problema más: si las subvenciones deben ser variables, el presupuesto para subvenciones de la Administración que las concede también debería serlo… y eso sí que suele ser complicado de solventar.

Artículo publicado originalmente el 2 de septiembre de 2008 en Avento.

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