La cultura Ikea aplicada al deporte

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Hace unos años se hablaba del concepto de “deporte Kleenex” (léase clines) para referirse a aquellas modalidades deportivas que en un momento dado se ponían muy de moda, la gente acudía en masa (bueno, en masa,  masa…) a los gimnasios a practicarlos, una vez pasada la moda su práctica cae de manera importante y de todas y todos aquellos practicantes, los que continuaban haciendo deporte la mayoría se pasaba a otras disciplinas. El ejemplo que más se empleaba al hablar de este efecto era el aeróbic. Tuvo unos años en los que su práctica era masiva, había una demanda realmente alta, especialmente entre la población femenina, pero pasado el boom inicial la cosa fue decayendo hasta alcanzar los niveles actuales, mucho más bajos que en sus buenos tiempos.

En la actualidad puede suceder lo mismo con el Pilates, está en la cresta de la ola, se abren gimnasios específicos para esta disciplina y los gimnasios generales y polideportivos ha tenido que incluirlo en su oferta, en muchos casos viéndose desbordados por la demanda.

¿Por qué ocurre esto?

Un factor que considero fundamental es una tendencia muy acusada desde la década de los 90 y que según la cual los usuarios de servicios deportivos demandan ofertas selectivas para los diferentes motivos de práctica. Me explico.

Como comentaba en el post anterior cuando hablaba de las expectativas de utilidad, la práctica deportiva nos ofrece un buen número de motivos para su práctica: salud, bienestar, diversión, sociabilidad, moldear el cuerpo, etc. Muchas veces estos motivos son nuestras expectativas de utilidad, pero muchas otras son consecuencias no intencionadas de nuestra participación.

La tendencia descrita nos muestra como los demandantes esperan efectos concretos, específicos, olvidando todos los demás “Me relajo haciendo Yoga, mejoro mi forma física con el Spinning…”. Este cambio en los deseos del consumidor y la búsqueda de formas de actividad física más específicas y ajustadas a sus deseos ha llevado a los oferentes de servicios deportivos, en especial a la oferta privada, a un proceso de diferenciación de sus servicios deportivas, creando nuevas formas de actividad física y buscando nichos de mercado concretos. En definitiva, la oferta es cada vez más eficiente, adaptándose a los deseos específicos de los consumidores de práctica deportiva.

Una consecuencia de esta diferenciación y esta limitación de utilidades de las nuevas prácticas deportivas es que son mucho más sustituibles unas por otras. Al ser limitados los motivos por los que se practica un deporte concreto, más sencillo es sustituirlo y generar (¿inventar?) nuevas actividades que cumplan ese motivo, con lo que estas prácticas están más sujetas a los vaivenes de las modas.

Esta tendencia no es exclusiva del deporte, muy al contrario lleva un montón de años. Es lo que podríamos llamar la “cultura Ikea”. La gente ya no quiere muebles sólidos, carísimos y “para toda la vida”. Ahora lo que se lleva es el cambio, la rotación, a los cinco años cambio de muebles y de decoración… total, para lo que ha costado y es que lo que ha salido esta temporada es chulísimo.

Artículo publicado originalmente el 12 de enero de 2007.

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