Educación Física bajo mínimos

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En estos tiempos de especialización y búsqueda de resultados inmediatos que vivimos resulta muy complicado defender desde la clase política actuaciones cuya trascendencia vaya más allá del resultado visible (o creíble) a corto plazo. La educación es uno de los ejemplos más claros y posiblemente una de las herramientas más potentes con las que cuenta nuestra sociedad para desarrollarse armónicamente. Es la educación, a pesar de su impacto a largo plazo, un ejemplo de esta necesidad de encontrar relaciones causa-efecto directas y a corto plazo. Si estamos a la cola en innovación: metemos más horas de física, ¡hacia una sociedad ingenieril!.

Como padres y madres relativamente informados vemos que el informe PISA nos deja un poso de desconfianza hacia un modelo educativo que ofrece unos resultados a la cola de los países “desarrollados”. Tendemos a apoyar la formación más técnica como física, matemáticas, informática… y nos olvidamos de las que “no sirven para la vida real” como humanidades, filosofía, música y la que “menos sirve”… ¡la Educación Física!

Este escaso aprecio por la Educación Física viene de largo, así los que hemos sido entrenadores de jóvenes hemos podido comprobar cómo por sistema las fechas previas a exámenes la asistencia a los entrenamientos desciende de manera espectacular. Hay que estudiar y centrarse en los exámenes así que los días anteriores a los mismos los chicos y chicas no se pueden descentrar con entrenamientos. Esta actitud siempre me ha resultado chocante, especialmente cuando mi experiencia como deportista me hacia ver como un auténtico alivio refrescar la cabeza la víspera de un examen haciendo un buen entrenamiento.

Poco a poco esta forma de ver el deporte y la educación física en escolares ha calado hondo y dado que necesitamos más horas para la formación técnica e “importante” hemos reducido el tiempo dedicado a actividad física a niveles desastrosos. Esto sumado a los cambios en los hábitos de ocio de la juventud, mucho más sedentarios o el propio estilo de vida que nos obliga a permanecer sentados mucho más tiempo del recomendable, hace que los niveles de actividad física de las y los jóvenes se encuentren bajo mínimos en la mayoría de los casos.

En Euskadi por el mes de Octubre ya pudimos ver cómo el currículo educativo aprobado por el Gobierno Vasco reduce las clases de Educación Física a 1,5 horas semanales en Primaria y entre 1 y 2 horas en Secundaria. Este programa ha movilizado a padres y profesores que entienden que tan escasa dedicación a la Educación Física es insuficiente.

En el mes de Noviembre ha sido el Parlamento Europeo el que ha alertado de la preocupante dedicación a la que consideran “la única asignatura escolar dirigida a inculcar en los niños un estilo de vida saludable”, esto es, la Educación Física.

Las y los eurodiputados alertan de una “marginación” del deporte en las escuelas y de “una falta de coordinación entre lo que se hace en el colegio, la actividad extraescolar y la escasa financiación del equipamiento deportivo”. “con frecuencia se sacrifica la educación física en beneficio de otras asignaturas” se lamentan.

El documento de la Eurocámara se ha centrado en uno de los efectos más visibles de esta ridícula actividad física: “En los veintisiete Estados miembros, uno de cada cuatro menores padece sobrepeso; su causa principal no es tanto una dieta rica en calorías como la falta de actividad física”.

Los beneficios de la Educación Física van mucho más allá de su efecto en la salud, pero conociendo los patrones por los que se mueve la sociedad actual, el sobrepeso, un problema visible, cercano y que todo el mundo entiende es probablemente el aspecto que más debe destacarse para concienciarse de la importancia de una buena Educación Física.

Otra cuestión es si tenemos claros los objetivos de la Educación Física y si ésta se ofrece de una manera adecuada para lograr crear hábitos saludables, o bien siguiendo el cortoplacismo nos limitamos a ofrecer un poco de movimiento para evitar la obesidad en edad escolar y retrasarla a edades adultas. Pero eso es otro cantar.

Foto:   USAG-Humphreys
Artículo publicado originalmente el 17 de diciembre de 2007 en Avento.

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