Los valores de equipo o el Yo, Yo, Yo

sokatira

Actualmente tengo entre manos el libro “La economía al desnudo”, uno de esos libros que últimamente se han puesto de moda para tratar de acercar de manera entretenida la Ciencia Económica “a las masas”. El libro es ameno, sigue la línea de otros como: “El economista camuflado”, “La lógica oculta de la vida”, “Descubre al economista que llevas dentro” y al predecesor de todos, que aunque la temática difiere un poco sigue unas líneas de razonamiento similares: “Freakonomics”.

En muchos de ellos hay que destacar una línea de pensamiento económico liberal, con la que algunas personas podemos discrepar en ciertos planteamientos. Por otro lado, en ellos está presente una forma de entender la Economía, como una ciencia de los incentivos. La política de impuestos, de subvenciones o las regulaciones suponen incentivos para los diferentes agentes sociales (personas y organizaciones) para actuar de una determinada manera. En estos libros sus autores nos muestran diferentes incentivos, algunos surgidos de manera espontánea y otros establecidos por las autoridades competentes, algunos acertados y otros “perversos” que han logrado el efecto contrario al deseado.

Esta visión desde el punto de vista de los incentivos puede ser muy interesante también para elsector deportivo: nos ofrece un enfoque muy útil a la hora de establecer normativas y/osubvenciones para clubes o federaciones en la búsqueda de diferentes objetivos como el impulso a la Igualdad, a la Integración, a la Sostenibilidad, la modernización de estructuras, etc.

De todos modos, frente a la opinión de estos autores de corte liberal, la Teoría de los Incentivos en la Economía no es tan nítida como tratan de hacer ver. La base de esta Teoría es que las personas actúan siempre movidas por su propio interés personal. Cuando se enfrentan a una decisión, las personas tratan de elegir la opción que suponga el mínimo coste y le reporte el mayor beneficio para sí mismos. Desde esta misma línea de razonamiento surge la Teoría de Juegos clásica de la que ya hemos hablado aquí y de su representante más conocido: John Nash, el premio Nobel de quien posteriormente hicieron la película “Una mente maravillosa”.

La duda es obvia, si todas las personas actúan en su propio interés ¿no existe el espíritu de equipo? ¿Cada deportista (en deportes de equipo)  busca lo mejor para sí mismo/a independientemente del bien colectivo? ¿Y si los intereses particulares y los del equipo difieren (Ronaldinho vs. Barça)? Pues no siempre es así.

Un equipo (sí equipo, no conjunto de personas egoístas) de investigación de Psicología de las Universidades de Leicester y Exeter recientemente han encontrado pruebas de que la hipótesis del interés propio no es necesariamente cierta. El investigador principal, profesor Andrew Colman, de la Escuela de Psicología de la Universidad de Leicester, dijo: “Hemos demostrado que, en algunas circunstancias, los responsables adoptan decisiones que cooperen en sus intereses colectivos en lugar de seguir el punto de vista puramente egoísta de la teoría de juegos clásica… Las teorías del razonamiento de equipo se desarrollaron para explicar por qué, en algunas circunstancias, las personas parecen no actuar en sus propios intereses sino en interés de sus familias, empresas, departamentos, o los conflictos religiosos, étnicos, nacionales o grupos con los que se identifican a sí mismos… El razonamiento de equipo es un proceso ya conocido, pero es inexplicable en el marco ortodoxo de la teoría de juegos. Nuestros resultados muestran por primera vez que éste predice en algunos juegos la toma de decisiones con más fuerza que la teoría de juegos ortodoxa.”

Resulta chocante el hecho de que hasta ahora no se hubiesen podido demostrar valores como el compañerismo, la filantropía, la generosidad, el voluntarismo o cualquier otro valor centrado en los demás más que en sí mismo, valores muy presentes en el deporte. Que no hayan podido ser demostrados por sí mismos más allá del puro egoísmo y del beneficio psicológico propio de una persona.

Foto:   dearbarbie
Artículo publicado originalmente el 19 de junio de 2008 en Avento.

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