Lecciones de ratas y robots para un club deportivo

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Siempre me he considerado “deportista de club”. En ocasiones acudo al polideportivo y he estado abonado a algún gimnasio privado, pero principalmente he hecho y sigo haciendo deporte en un club. Considero que el club me aporta un plus a la práctica deportiva, el elemento de socialización. Otro detalle es que siempre he sido miembro del mismo club, desde que comencé en categoría infantil llevo 25 años… ¡eso es fidelidad!

Es lógico que tenga muchos recuerdos de todos estos años y que sean inevitables las comparaciones con los chicos y chicas más jóvenes que actualmente compiten en el club. Una de las cosas que más nos llama la atención es todo el trabajo que hacíamos nosotros mismos en el mantenimiento del club, fregar los vestuarios, limpiar el gimnasio, pintar el club, reparar el material, etc. Hace unos años, si pertenecías al club, además del deporte tenías un buen número de obligaciones accesorias.

Actualmente, cuando trabajo con los clubes casi siempre se maneja la idea de ofrecer comodidad a las chicas y chicos que practican deporte en el club, que no realicen esas otras tareas, ante todo un buen servicio… pero, ¿no les estamos privando de algo importante? ¿Cómo afecta el hecho de no realizar trabajos complementarios para el club en su relación con el mismo?

Ratas y contrafreeloading.

En la década de 1960, el psicólogo de animales Glen Jensen acuñó un término muy interesante: el contrafreeloading, que alude a que muchos animales prefieren ganarse la comida que comer lo mismo sin hacer ningún esfuerzo.

Glen Jensen en un curioso experimento con ratas blancas demostró que las ratas preferían realizar una tarea para conseguir comida que comerla directamente de un plato sin haber hecho nada por ganársela. Posteriormente demostró el mismo comportamiento en otros animales: peces, pájaros, jerbos, ratones, monos y chimpancés. Al parecer muchos animales tratan de dotar de algún tipo de sentido a su existencia a través del trabajo.

Esta idea de contrafreeloading contradice el punto de vista meramente económico según el cual los organismos siempre escogen maximizar la recompensa y minimizar el esfuerzo.

Contrafreeloading en las personas. Construyendo robots.

El psicólogo y economista del comportamiento Dan Ariely explica el caso anterior en su libro Las Ventajas del Deseo y explica cómo ese experimento de Glen Jensen le llevó a realizar otro experimento que probase que el contrafreeloading también está presente en las personas. Que preferimos ganarnos las cosas, que necesitamos sentir que “somos de utilidad” y que lo que hacemos tiene un sentido.

Ariely y su equipo diseñaron un experimento basado en el montaje de robots con piezas de Lego. En él reclutaban a un amplio grupo de personas y les proponían lo siguiente: «Básicamente, el sistema consiste en que se paga en una escala decreciente por cada robot montado. Por el primero se pagan dos dólares. Al terminar el primero te preguntaré si quieres montar otro, pero esta vez por once céntimos menos, hasta que tú decides que ya no quieres seguir. En ese momento se te pagará la suma correspondiente a todos los robots que hayas montado. No hay límite de tiempo, y puedes montar robots hasta que los beneficios que obtengas ya no cubran el costo.»

Esas reglas eran comunes para todas las personas participantes, si bien las dividían en dos grupos. Cuando las personas del primer grupo terminaban sus robots, éstos eran almacenados debajo del pupitre y le daban otra caja con nuevas piezas para montar otro robot. Cuando las personas del segundo grupo terminaban un robot se les daban nuevas piezas, pero quien controlaba el experimento desmontaba el primer robot ante la mirada de quien montaba, para posteriormente montar uno nuevo con las fichas del desmontado. Este acto le quitaba sentido al trabajo que estaban realizando.

¿Cómo afectaría el hecho de ver que el trabajo realizado era automáticamente desmontado aunque la retribución fuese la misma? Los resultados fueron los siguientes:

  • El grupo 1 que montaba robots y se almacenaban, en definitiva que realizaban una tarea con sentido, montaron un promedio de 10,6 robots. El 65% de los individuos en la condición con sentido seguían estando dispuestos a trabajar cuando el repcio pagado por robot era inferior a 1 dólar.
  • El grupo 2 que montaba robots sin sentido, desmontados al momento, montó un promedio de7,2 robots. Sólo el 20% de las personas que participaron en este grupo estaban a dispuestas a montar robots por menos de 1 dólar.

Este experimento nos ofrece dos ideas muy interesantes:

1.En muchos casos, trabajar por el club, realizar algunas tareas “extra” además de limitarse a practicar deporte, puede suponer un incentivo, reforzar el sentido de pertenencia y dotar de un mayor sentido a la afiliación al club.

2. Para quien gestione personas: cuidado con pensar que con pagar por el trabajo vale para motivarlas, un simple reconocimiento puede dotar de sentido al trabajo, lo que mejorará el rendimiento, la implicación y se sentirán mejor con el trabajo que realizan… y si además son voluntarias, como en el caso de muchos clubes, ese reconocimiento es fundamental.

Artículo publicado originalmente el 7 de abril de 2011 en Avento.

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