Jugando a invertir en instalaciones deportivas

Las verdaderas intenciones de una ciudad se ven en sus presupuestos.

El auge de los procesos de participación ciudadana para la toma de decisiones políticas en los últimos años es notable. No niego la bondad y capacidad de la participación de estos procesos, de hecho soy un firme defensor de la necesidad de impulsar la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones políticas a todos los niveles; pero considero que la experiencia debe llevarnos a tomar con cautela muchos de estos procesos.

Se dice que la Estadística es la ciencia de retorcer los datos hasta que digan lo que tú quieres. Algo parecido podríamos atribuir a muchos procesos de participación, que en ocasiones son diseñados, gestionados y sus resultados “manoseados” hasta lograr que avalen las decisiones deseadas.

He participado en unos cuantos procesos de participación en calidad de ciudadano y en muchos de ellos tras la representación efectista en dinámicas cargadas de post-its, dibujos y juegos, el resultado final no dejaba de ser una larga lista de deseos que permitían justificar casi cualquier tipo de decisión. Muchos de estos procesos se orientaban a lograr el mayor número posible de opiniones y propuestas, sin reflexión ni deliberación. El resultado final era una “carta a los Reyes Magos” o una lista de solicitudes de “¿qué hay de lo mío?”.

En el caso concreto de procesos participativos sobre dotación de equipamientos (deportivos, culturales o de cualquier tipo), el resultado era una lista tan amplia que era raro que no incluyese las ideas que las personas en cargos políticos o técnicos ya tenían de antemano, lo que les permitía justificar sus propias decisiones.

“Decidir” sobre deseos sin tener en cuenta las limitaciones

Es bastante habitual realizar procesos participativos en los que se otorga una (muy relativa) capacidad de decidir, pero bajo unos escenarios ficticios, en los que no se plantean ni la responsabilidad ni las limitaciones que se dan a la hora de tomar decisiones definitivas.

En el ámbito de la gestión de la ciudad subrayaría dos limitaciones: el espacio y el presupuesto. No todo cabe. No hay dinero para todo.

Entiendo que es necesario incluir estas dos limitaciones a la hora de realizar un proceso participativo sobre equipamientos e instalaciones, ya que sin esas limitaciones muchas de las propuestas ciudadanas quedarán directamente excluidas. Sin conocer esos límites no sabremos si nuestra participación entra dentro de lo posible o se queda en el limbo de lo deseable.

Un caso de participación reflexiva: instalaciones deportivas de Oñati

Hace unos meses se puso en contacto conmigo el técnico de deportes de Oñati (Gipuzkoa). Habían realizado un proceso de participación ciudadana para conocer las demandas ciudadanas sobre instalaciones y equipamientos deportivos. Tras un proceso en el que contaron con las aportaciones de la ciudadanía, agentes sociales, deportivos, políticos y técnicos, habían obtenido 205 propuestas de muy diferente índole. Como es de esperar, entre tal cantidad de propuestas había actuaciones puntuales y estructurales, independientes y relacionadas, sencillas y complejas, baratas y carísimas, lógicas y alocadas. ¿Cómo decidir cuáles acometer?

La opción sencilla era tomar la lista de propuestas y seleccionar directamente cuáles realizar y cuáles no. Sin embargo el Ayuntamiento de Oñati no optó por la solución sencilla y decidió llevar la participación a un nivel superior, a una participación reflexiva y deliberativa para que el nivel de las propuestas se adaptase a la realidad política de toma de decisiones.

Las 205 propuestas obtenidas eran consideradas un diagnóstico, una valoración de las necesidades y demandas ciudadanas. A partir de aquí, mediante un nuevo proceso participativo debíamos trasladar esas demandas a propuestas efectivas de intervención.

En este caso pasábamos a un nuevo modelo de proceso participativo, una participación intensiva, en la que un grupo reducido (Grupo Motor) de personas independientes, involucradas y reconocidas, reflexionasen, debatiesen, argumentasen y, a ser posible, alcanzasen acuerdos sobre qué inversiones habría que realizar en el parque de instalaciones deportivas del municipio.

Dividimos el proceso en tres fases:

  1. Compresión de la complejidad y agrupación de propuestas
  2. Valoración de impacto de las intervenciones
  3. Priorización de inversiones

Comprensión de la complejidad y agrupación de propuestas

El punto en el que se encontraba el proceso mostraba cierta complejidad, no tanto por el proceso en sí, como por la dificultad que suponía trabajar en la evaluación y selección entre las 205 propuestas de actuación recogidas en la fase anterior.

Esas propuestas, a pesar de haber sido formuladas individualmente, estaban muy relacionadas entre ellas. A la hora de abordar soluciones a las mismas no podía hacerse de un modo individual ya que muchas de estas propuestas se debían acometer por paquetes de actuación. Por ejemplo, ampliar el número de calles de la piscina del polideportivo suponía actuar sobre toda la estructura edificada de la zona, lo que supondría actuar sobre su nivel de confort y a su vez trasladar algunas salas a otra zona, lo que suponía reformar el 65% del área del polideportivo.

El objetivo de la primera sesión era hacer comprender esta complejidad a todas las personas que conformaban el Grupo Motor, así como hacer una primera agrupación de las propuestas.

Fue una fase especialmente técnica en al que contamos con el apoyo de Iñaki Begiristain, profesor de la Escuela de Arquitectura de Donostia, y agrupamos las 205 propuestas en 5 grupos de intervenciones:

  • Patologías
  • Energéticas
  • Accesibilidad
  • Reorganización de programa de las instalaciones
  • Nuevos usos y propuestas puntuales

Evaluación de las intervenciones

Tras el proceso de agrupación de la primera fase realizamos una revisión técnica de los resultados y se realizaron ajustes sobre la misma. Pasamos de grupos de intervención a espacios y ámbitos concretos sobre los que actuar.

El siguiente paso era evaluar el impacto de las intervenciones. Con ese objetivo se partió de una serie de indicadores cuantitativos y cualitativos que considerábamos claves a la hora de evaluar las intervenciones. Para la evaluación general de cada una de las instalaciones y espacios se planteó que las personas asistentes hiciesen una valoración en función de los siguientes criterios:

  • Impacto de género
  • Deporte para jóvenes
  • Deporte para todas/os
  • Mejora de la calidad de vida
  • Régimen de acceso (democrático)
  • Activación de la población
  • Valoración general de la instalación

Priorización de inversiones

El objetivo de esta fase era conocer las preferencias clave en las que las personas participantes invertirían un presupuesto limitado.

La fase se planteó con un enfoque ameno y lúdico en la que a pesar de la dificultad y la importancia de las decisiones, resultase amena para las personas participantes. Para ello, a partir de la información recogida diseñamos un tablero con las posibles inversiones así como las reglas del juego. Al tablero le llamamos KIROLPOLY OÑATI.

Conformamos varios grupos que jugaron tres partidas cada uno, cada una con diferentes escenarios presupuestarios. Jugaron una partida con un presupuesto amplio, otro con uno esperable y otro con un presupuesto restrictivo. Teniendo en cuenta las valoraciones de impacto social que habían realizado en la fase anterior y el coste económico estimado , debían realizar las inversiones que considerasen adecuadas en función del presupuesto disponible.

Resultado

Los resultados fueron realmente valiosos. No se alcanzaron acuerdos claros, si bien las conclusiones que obtuvimos de los tableros finales y especialmente de los procesos de negociación para la toma de decisiones de inversión, dieron unas pistas muy clarificadoras para la toma de decisiones definitivas.

Podríamos haber planteado la última fase como un procedimiento técnico y facilitarles unos ordenadores con hojas de cálculo para que estableciesen sus prioridades de inversión; sin embargo la aplicación de técnicas de gamificación permitió que los procesos de negociación y acuerdos fuesen más fluidos y por supuesto más divertidos. Eso sí, las orejas rojas de muchas de las personas participantes delataban que allí había conflicto, diálogo y negociación intensos.

En definitiva, los resultados y conclusiones obtenidos son de gran valor para quienes promuevan la decisión definitiva y quienes participaron pudieron recordar la intensidad de una buena partida al Monopoly aplicado a su ciudad.

Ficha del proyecto

Proyectos de Espacios en murua.eu

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