Actores y conflicto en la política deportiva

Confilcto

#4 de la serie ‘Deporte, Política y política deportiva

Cuando hablamos de una política pública es importante tener en cuenta que la elaboración de las políticas no es un proceso en el que exclusivamente deciden quienes están en los cargos de decisión (políticos), sino que hay numerosos actores que influyen en las mismas. En muchas ocasiones no basta con que desde el gobierno (local, nacional, internacional) tenga una gran idea para que esta salga adelante, hace falta que por detrás le siga un grupo de actores suficiente que empuje a favor de la misma. Grandes proyectos pueden quedarse en eso, en proyectos en lugar de en realidades, porque no logran el apoyo suficiente entre actores con influencia. Es por tanto necesario, antes de tratar de implantar una política deportiva, identificar aliados y oponentes y las formas de interacción con ellos para aspirar a garantizar su puesta en marcha.

En esa misma línea, es importante considerar la importancia del conflicto a la hora de plantear cualquier política pública deportiva. Cada agente tiene sus propios intereses, valores y problemas. Cualquier decisión hará que haya ganadores y perdedores. Por ejemplo, si se decide reorientar las subvenciones que un Ayuntamiento da a sus clubes, modificando los criterios primando las acciones más dirigidas a la socialización o educación de menores y reduciendo las orientadas a los resultados deportivos, supondrá que algunos clubes ganarán con ese cambio y otros perderán. Lo mismo ocurre con la decisión de ubicar una determinada instalación en un barrio, ganarán las personas que viven en ese barrio y perderán los de otros barrios que la han financiado con sus impuestos y les resulta lejana para acudir a ella. Esta consideración debe llevar a aceptar que la política deportiva no puede limitarse a gestionar y administrar los recursos, sino que supone distribuir costes y beneficios, tratando de lograr acuerdos o imponiendo decisiones.

Ese conflicto es connatural a la política pública y así debe aceptarse. Existirá conflicto entre actores, clubes, federaciones, otras administraciones, otras áreas municipales, vecinos, usuarios. También entre los objetivos de las distintas políticas públicas a implementar. Apoyar un deporte orientado a la educación puede reducir las posibilidades de la especialización temprana para el rendimiento. Exigir la profesionalización de monitores puede afectar negativamente a la sostenibilidad económica de clubes sin ánimo de lucro.

En resumen, no es posible entender la política sin conflicto. El conflicto de intereses, de valores, de objetivos… es intrínseco a la sociedad. Plantear la política deportiva como una gestión adecuada de recursos es una vía equivocada si se obvia el hecho de que con la mayoría de sus actuaciones habrá ganadores y perdedores. La política por tanto no será sólo tomar decisiones técnicamente buenas, será gestionar una serie de dinámicas y relaciones sociales que se generan en torno al problema y a la actuación implementada.

Sin embargo no todos los ganadores y perdedores son actores a los efectos de una política deportiva. Hay que distinguir entre los actores y las partes interesadas. Los actores, tal como su nombre indica, llevan a cabo acciones relevantes, actúan. Las personas o grupos que por cualquier motivo no actúan para tratar de influir en una determinada política deportiva no podemos considerarlos actores en sentido estricto.

La realidad es más compleja que la simple identificación formal/legal de quiénes son los actores en materia de política deportiva. Encontramos personas y grupos reconocidos legalmente como actores en determinados ámbitos (clubes, federaciones, deportistas, centros escolares, AMPAS…) pero que no se implican en decisiones en las que están legitimados para hacerlo. Y al contrario, personas y grupos que a pesar de no estar reconocidas formalmente para hacerlo, acaban impactando en la toma de decisiones, como algunos grupos sociales que se movilizan para lograr la instalación de un equipamiento socio-deportivo en un barrio u otros grupos que tratan de evitar la organización de un gran evento deportivo en una ciudad porque consideran que sus costes sociales son superiores a sus beneficios.

A la hora de identificar los actores es claro que hay una diferencia importante entre el peso de un actor que actúa de forma individual a uno que lo hace en representación de una colectividad. Esta diferenciación es importante ya que explica la capacidad de influencia entre una persona abonada al servicio deportivo municipal pero que no cuenta con el reconocimiento de la representatividad del colectivo de abonados, y el presidente de un club deportivo de una ciudad; a pesar de que las demandas del primero puedan afectar positivamente a un número de personas mucho mayor que las del segundo. La clave está en que en el segundo caso, el presidente del club, actúa en defensa de un interés claramente identificado como común, por encima de preferencias individuales. En el primer caso este reconocimiento no es explícito. Esto explica la importancia de la formalización de grupos y asociaciones, tratando de generar esa representatividad colectiva por encima de las individualidades y el peso de los clubes en muchas decisiones de política deportiva superior al de un no-colectivo como es el de las personas abonadas al servicio deportivo municipal.

Otra diferenciación puede ser entre actores públicos y privados. Los actores públicos son aquellos que actúan bajo el paraguas de las administraciones públicas tanto actores de naturaleza pública como actores privados que prestan servicios públicos (empresas de gestión de instalaciones deportivas públicas). Los actores privados son aquellos que actúan sin control gubernamental pero con voluntad de incidir en la política pública deportiva. Las empresas de servicios deportivos o los clubes y federaciones son ejemplos de ello. Sin embargo aquí nos encontramos con algunos de estos actores en situación comprometida dada su alta dependencia económica de la administración pública. Clubes y federaciones con alta dependencia de las subvenciones públicas apenas tienen capacidad de incidir en las políticas deportivas en contra de la administración que les financia.

En líneas generales podemos distinguir entre actores políticos (reconocidos mediante una elección democrática, concejales, directores, secretarios, ministros), actores burocráticos (técnicos de la administración), actores con interés especial (que pueden verse afectados por una política deportiva como vecinos, colegios profesionales, clubes…), actores con interés general (tratan de defender unos valores de carácter general como puede ser una organización que defienda el medio ambiente y se posicione contra un campo de golf) y por último los expertos (profesionales y académicos que opinan y su opinión tiene un alto valor).

Para tratar de entender la actuación de los actores es importante distinguir los objetivos que persiguen los actores y el rol que juegan.

Algunos actores actúan motivados por el objetivo de la política, por lo que se busca con la misma. Un caso pueden ser aquellos clubes que tratan de influir en la política de deporte escolar para que se oriente hacia una tecnificación temprana y una detección de talentos, frente a otros actores que defienden un modelo más educativo, más expandido y menos competitivo del deporte escolar. Otros actúan en función del proceso, de las consecuencias que puede tener la implementación de la política pública para ellos y no para la solución del problema. Este caso puede ser el de algunas federaciones que se posicionan en contra de una política de promoción de la actividad física general porque entienden que supondrá una reducción en las subvenciones que reciben ya que parte de presupuesto público se desviará hacia este nuevo objetivo. Aquí también entran colectivos/grupos afines a otros partidos políticos que sistemáticamente se oponen a las propuestas del grupo político que está en el poder.

Por último, es muy interesante tratar de identificar los actores en función del rol que juegan en la política deportiva. Podemos identificar al promotor, quien introduce un determinado problema en la agenda política, bien sean instituciones o movimientos colectivos que demandan una solución a un determinado problema. Otro actor es el director, quien se responsabiliza de diseñar e implementar la política deportiva. Es obvio que el director juega un papel central en la gestión de la política. Frente al promotor, al director, o a ambos, encontramos al opositor, que se posiciona bien en contra de los objetivos o del proceso de la política. Pero también tenemos al aliado que apoya al promotor o al director. Otro puede ser el mediador, una figura interesante que en muchos casos hay que tratar de buscar. El mediador se centra en los objetivos del proceso y trata de lograr un acuerdo entre las diferentes partes. El opuesto sería el portero, el gatekeeper, que trata de impedir que algunos problemas entren en la agenda. Un gerente de un polideportivo público puede tratar de bloquear que un problema de inequidad en el acceso a las instalaciones entre dentro de la política deportiva debido a que puede suponer una bajada en los precios de los abonos. El último rol es el de filtro, aquellos actores que aún siendo ajenos pueden apoyar o rechazar la entrada de un problema en la agenda política. Puede ser el caso de algunos medios de comunicación que determinan el posible apoyo económico a un equipo de fútbol de élite o la construcción de un nuevo equipamiento deportivo en la ciudad.

 

Imagen de Cristian V. en Flickr,

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Post de la serie ‘Deporte, Política y política deportiva’:

#1 La necesidad de un discurso político para el deporte

#2 La agenda de política deportiva

#3 Problemas para una agenda de política deportiva

#4 Actores y conflicto en la política deportiva

#5 Objetivos y recursos de los actores deportivos

#6 Redes y gobernanza del deporte local

#7 Decisiones de política deportiva

#8 La puesta en marcha de una política deportiva

#9 La evaluación como herramienta de mejora política

2 Respuestas a “Actores y conflicto en la política deportiva

  1. Muy interesante toda la serie. Existen muchos aspectos que matizar pero la lectura de los cuatro posts suponen un interesante análisis del asunto y aportan elementos de debate. Existen honrosas excepciones dentro del discurso político del que dices que se adolece de manera general, que convendría recabar para servir de guía a los decisores y gestores públicos.
    Aunque lo sugieres cuando hablas de índices y porcentajes al principio de tercer post, la carencia sistémica más importante es la Evaluación de políticas deportivas públicas que reclama a gritos mayor presencia en la agenda del deporte.

  2. Hola Fabián. En efecto existen excepciones y de todos los colores políticos. También hay muchísimos trabajos académicos que pueden servir de guía y mucho conocimiento procesado y listo para que quien tenga interés pueda utilizarlo (en políticas públicas en general, aunque escasos en deporte).
    Respecto a la falta de Evaluación, estoy totalmente de acuerdo, no me atrevo a establecer una escala de carencias para decir cuál es la principal, pero sí que es una carencia clara, reconocida e importante. Comenzando por el hecho de que no hay voluntad de evaluación, se entiende como una fiscalización de la labor pública en lugar de un medio para la mejora continua. De todos modos, escribir sobre evaluación lo dejo para un post posterior.

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