La evaluación como herramienta de mejora política

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#9 de la serie ‘Deporte, Política y política deportiva

¿Si estuviese en tus manos preferirías que evaluasen tu trabajo o que te dejasen hacer tranquilamente lo que piensas que es correcto/adecuado? Pero si las acciones no se evalúan ¿cómo saber que ha logrado el efecto esperado o han sido ineficientes? ¿Cómo mejorar una política deportiva si no sabemos si lo que estábamos haciendo era efectivo o no?

Evaluar no suele ser una palabra agradecida. Probablemente, la mayoría lo relacionamos con los exámenes en nuestra etapa de estudiantes y por ello, con el riesgo de suspender. Sin embargo, el fin último de evaluar no es ofrecer una calificación, aprobar o suspender una determinada política. La evaluación tiene sentido porque genera un conocimiento útil para una toma de decisiones menos basada en la intuición o la costumbre. También, por supuesto, para rendir cuentas a la ciudadanía, que permita saber lo que se está haciendo desde los poderes públicos. Por tanto, es necesario entender la evaluación como una herramienta de mejora y un mecanismo democrático necesario para la rendición de cuentas.

Desgraciadamente estamos poco habituados a la evaluación de las políticas deportivas. Apenas se realizan evaluaciones de los distintos programas que se implantan y a su finalización nos basamos más en las intuiciones y percepciones que en datos contrastados. Por otra parte, hay una tendencia notable a comunicar (publicitar) algunos datos positivos o negativos, según el lado en el que nos encontremos, sin entrar a evaluar en profundidad la eficacia de duchos programas. Estamos tan habituados a la falta de evaluación que nos llama la atención aquellos programas en los que se realiza una evaluación seria y rigurosa. Incluso nos puede llegar a parecer una pérdida de tiempo y de recursos que se destinan a algo “no productivo”, algo que no genera un producto o servicio directo.

Es llamativa la importancia que se da a la evaluación cuando estamos al otro lado de la barrera. Por ejemplo, un responsable político puede exigir una evaluación rigurosa a un organizador de un determinado evento deportivo privado para concederle una subvención; sin embargo, apenas muestra interés por evaluar si su política relativa a los eventos deportivos es acertada, genera impactos positivos, o no.

Al fin y al cabo, toda política deportiva antes de ponerse en marcha no deja de ser una hipótesis de mejora de determinado problema. No estamos seguros (o no deberíamos estarlo, depende de la arrogancia de cada cual) de si funcionará o no. La evaluación nos permitirá contrastar dicha hipótesis.

Proceso de las políticas y tipos de evaluaciones

A lo largo de la serie de post he intentado recoger el proceso y los elementos que conformarán una determinada política deportiva. Estos son:

  1. Necesidades: se detecta y acepta un determinado que necesitamos cambiar, puede ser los altos niveles de sedentarismo en la ciudadanía, los escasos logros deportivos en el alto nivel o la baja participación en deporte escolar (problemas a diferentes niveles). Las necesidades es lo que he identificado como “el problema”.
  2. Recursos (Inputs): se identifican y seleccionan una serie de recursos, materiales, organizativos, legislativos o de otro tipo para modificar esa problemática de partida. Los recursos son “lo que se necesita”.
  3. Actividades: con esos recursos se realizan una serie de actuaciones, “lo que el programa hace”
  4. Productos (Outputs): Son los logros directos del programa. Estos logros directos son relativamente fáciles de medir: número de atcividades organizadas, número de participantes en los mismos, deportistas becados en el alto nivel.
  5. Impactos (Outcomes): son los beneficios alcanzados tanto a corto, medio y largo plazo. Es más complicado de medir, especialmente a corto plazo, y pueden ser indicadores como el porcentaje de población físicamente activa o el nivel deportivo internacional.

Proceso

Es importante diferenciar entre productos e impacto ya que habitualmente muchas evaluaciones se apoyan en los primeros, sin embargo, la efectividad real de la política nos la darán los segundos. Cuando organizamos una serie de actividades deportivas para fomentar el deporte solemos apoyar nuestros informes en el número de participantes; sin embargo esta información no nos dice nada acerca del impacto real de las actividades en el total de la población ni en el plazo sobre el que tiene efecto.

Cuando se diferencia correctamente, lo más habitual suele ser que la evaluación sea de impacto, aunque hay otra serie de evaluaciones que son de gran interés para la mejora de las políticas deportivas en función de los tramos del proceso que analicemos.

  1. Evaluación de necesidades: trata de conocer las necesidades antes de poner en marcha el programa. Por ejemplo, si se trata de regular el ejercicio de las profesiones en el deporte y se pretende obligar a que el voluntariado que se dedica a entrenar a niños y niñas de los clubes cumpla también unos mínimos de formación, podría ser que los clubes no puedan acceder a personas con estos niveles de formación y que cesen su actividad en estas edades. En este sentido, podríamos decir que hará falta un programa para apoyar la formación de esos monitores. La evaluación de necesidades tratará de averiguar cuántos monitores son y qué necesitan para cumplir esos requisitos exigidos por la nueva regulación.
  2. Evaluación de proceso: trata de saber qué ha ocurrido en la implementación del programa. Intenta conocer qué ha pasado a lo largo del proceso, no los resultados del mismo. Esta información es de interés ya que nos dará claves importantes acerca de lo que realmente el programa ha sido, diferenciándose de lo que se había planeado que debería ser.
  3. Evaluación de impacto: es la más conocida, en la que todos pensamos cuando hablamos de evaluación. ¿Un programa para aumentar la actividad física de escolares realmente consigue aumentar los niveles de actividad entre la población escolar? Esta evaluación nos permite conocer si el programa ha sido efectivo sobre el problema inicialmente planteado y motivo por el que se implantó.
  4. Evaluación económica: sopesa los resultados obtenidos con los recursos que se han dedicado a ello. En los últimos años podemos encontrar cantidad de evaluaciones económicas de determinados hechos deportivos, especialmente de eventos, pero también del deporte en general en un determinado territorio o de un club en una ciudad. Esta evaluación es importante ya que relativiza los productos e impactos en función de los inputs, con lo que ha costado el programa. Sin embargo, considero fundamental entender que no es la única evaluación que ha de realizarse ya que existen numerosos impactos que escapan a ella, además de que habitualmente se dejan inputs fuera de la misma.

Evaluaciones

 

La importancia de tener claros los impactos (outcomes)

A todas las personas nos pasa, comenzamos a realizar tareas con un gran objetivo pero para tratar de centrarnos nos ponemos metas más alcanzables o medibles en función de las tareas que realizamos. Cuanto más nos centramos en esos objetivos “palpables” más perdemos de vista el gran objetivo inicial.

Esto puede suceder cuando un técnico deportivo municipal, en su afán por mejorar la oferta del polideportivo de su municipio y hacerla más atractiva al mayor número de gente posible, termina limitándose a la gestión de dicho polideportivo y dejando de lado otras posibilidades fuera del mismo. Su objetivo termina focalizándose en el número de abonados y puede olvidar que en un inicio el gran objetivo era fomentar la práctica deportiva de la población, se abone o no al polideportivo. Es un problema habitual, terminamos canjeando los outputs por los outcomes, los productos por los impactos, el número de abonados por la población que practica deporte. Sin embargo, es necesario identificar y tener presentes esos outcomes, esos resultados que serán los que realmente justificarán ante una evaluación de impacto la pertinencia y validez de determinadas políticas o programas.

No es sencillo. Es necesario tener claros los objetivos de las políticas y programas y como ya escribía en otro post, esta definición de objetivos suele ser lo suficientemente laxa como para justificar casi cualquier actuación.

Imagen de Bryan Allison en Flickr

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Post de la serie ‘Deporte, Política y política deportiva’:

#1 La necesidad de un discurso político para el deporte

#2 La agenda de política deportiva

#3 Problemas para una agenda de política deportiva

#4 Actores y conflicto en la política deportiva

#5 Objetivos y recursos de los actores deportivos

#6 Redes y gobernanza del deporte local

#7 Decisiones de política deportiva

#8 La puesta en marcha de una política deportiva

#9 La evaluación como herramienta de mejora política

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